El Vínculo con el Padre: Consecuencias para los Hombres

El Vínculo con el Padre: Consecuencias para los Hombres

Vivimos tiempos en los que, en muchas personas existe, de una manera más o menos reconocida “una nostalgia de la mirada de su padre”.

Nostalgia de un padre que te mire con ternura, que te conozca, que te vea, te sonría, aunque también te grite de vez en cuando e incluso te castigue cuando sobrepases los límites por él previamente impuestos. De un padre que trabaja fuera y trae el sustento pero que vuelve siempre, retorna al hogar y, además que mantiene el orden, reparte afecto y comprensión. Un padre que se cansa, se irrita, se estresa pero al mismo tiempo escucha, comprende, perdona, ama.

Es lo que el psicoterapeuta Aaron Kipnis denominó “hambre de padre”: “Todos crecimos con hambre de padre. Al mismo tiempo que recibíamos leche del cuerpo de nuestra madre, había cierta leche invisible del padre que emanaba de su ser”.

Esta nostalgia hacia el padre caracteriza a toda una generación de hijos que están creciendo en ausencia física o psíquica de su progenitor masculino. No solo el presente sino la historia misma del padre se ha abandonado a una trágica oscuridad, y esto ha despertado en los hijos, desde hace un tiempo indeterminado, un sentimiento de orfandad.

En el imaginario colectivo se ha configurado una idea del padre como enemigo de la libertad de los hijos, autoritario, instancia de frustración casi traumática. Sin embargo, la realidad es que el padre es libertad para la madre y para el hijo: si el padre no hiciera acto de presencia, la relación madre-hijo, sobre todo en el caso del hijo único, se parecería más a una relación de pareja, a un círculo cerrado sobre sí mismo, que dificultaría el equilibrio y el desarrollo psíquico de ambos. El padre de alguna manera facilita al hijo su libertad, frente al peligro de una posible tendencia posesiva de la madre.

En este contexto social la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿podemos prescindir de los padres? ¿Pueden las mujeres, una vez que han sido madres, cuidar y criar a sus hijos en soledad sin consecuencias en el desarrollo equilibrado de la personalidad de su hijos?

La realidad es que actualmente ciertos sectores ideológicos se esfuerzan por reconocer los mismos derechos y deberes, al mismo tiempo que niegan radicalmente la existencia de cualquier diferencia asociada al sexo de carácter natural o biológico.

El padre y la madre tienen funciones en parte iguales y en parte distintas. Hay cada vez más estudios que inciden en las bases biológicas de esta diversidad.

La mujer tiende a educar a los hijos de una forma diferente al hombre. Se preocupa más por proteger al hijo que por fortalecerle, y de esta forma va creando un niño dependiente y con poca autonomía. Las mujeres tienden a “endulzar demasiado la realidad”, no a enfrentar a sus hijos a la realidad. Al final, es una cárcel de inmadurez psicológica.

En ausencia de padre la madre establece con el hijo “casi una relación de pareja” que es muy insana porque la madre utiliza al hijo como confidente y crea con él “un universo cerrado” que se vuelve “contra ell” cuando el niño llega a la adolescencia, ya que “reivindica su independencia” y muchos reaccionan con violencia contra la madre.

El padre, “libera al hijo de una madre que tiende a fagocitarlo”.

El primer impacto que tiene el padre es en la configuración de la sexualidad de sus hijos.

En la definición de la identidad sexual de los hijos y las hijas, la presencia de un padre en el pleno disfrute de su masculinidad, sin los complejos y miedos que a tantos hombres los lleva hoy la sociedad, resulta absolutamente fundamental “el padre confirma al hijo en su masculinidad, y a la niña le revela por contraste su feminidad”.

Hoy, más que en ninguna otra época anterior, la presencia firme de la masculinidad del padre es esencial para la correcta configuración de la identidad sexual de los hijos. Y esto es debido a que se ha extendido la idea de que no existe un hombre o una mujer naturales; nada se debe a la biología o a la naturaleza, sino que la sexualidad queda en manos de uno mismo, se “autoconstruye”. Es por esto que los hijos que crecen en ausencia de una figura paterna, experimenten, muy especialmente a partir de la adolescencia, dudas acerca de su sexualidad.

En cuanto a los hombres, la identidad de los chicos comienza con la identidad femenina, pero la fuerza biológica los impulsa hacia una identidad masculina diferente. El chico comprometido en esta identificación primitiva recorre un camino más difícil que la chica para liberarse de su madre y afirmar su virilidad. Pronto el varón deberá aceptar que su sexualidad es diferente a la de la madre; el niño vivirá un viaje mucho más complejo para desvincularse de la matriz materna. Y en este proceso, en el que el niño construye su propia identidad, el acompañamiento que el padre realiza es insustituible.

Ser varón implica recorrer un camino complicado que siempre comienza en los brazos de la feminidad, de la madre. A propósito de esto, señalan algunos expertos, que todo hace pensar que la condición básica del fenotipo sexual es femenina y a ella tiende de forma espontánea el nuevo ser; debe haber un esfuerzo añadido para que se quiebre esa tendencia a la feminidad y aparezca el ser masculino. Como afirmó Alfred Host: “Llegar a ser macho es una aventura larga, difícil y arriesgada. Es una especie de lucha contra la inherente tendencia a la feminidad”.

Se trata de un camino delicado y progresivo a lo largo del cual el varón deberá sufrir un desgarro, una renuncia a la madre. De no hacerlo así, correrá el peligro de “estancarse en el vínculo simbiótico” con ella. Por ello, el padre deberá secundar y promover el impulso evolutivo espontáneo hacia la separación. La diferencia de sexos encarnada por el padre, juega un papel de revelación y confirmación de la identidad sexual.

La masculinidad no se puede aprender en los libros, es algo que los padres pasan a los hijos sin percibirlo apenas. “La mujer es; el hombre debe ser hecho”, afirma con rotundidad Guy Corneau. Es el padre, en la medida en que es reconocido por la madre, el que va a permitir al hijo situarse sexualmente. La sola existencia del padre al lado de la madre proporciona alimento psíquico al niño para distinguirse y acceder a la autonomía. Es a través de la intermediación del padre que se realiza de la mejor manera el proceso de sexualización y la interiorización de la identidad sexual del niño. Como escribió el poeta estadounidense Robert Bly: “Solamente una mujer puede convertir un embrión en niño, pero solamente un hombre puede convertir a un niño en hombre”.

La segunda indicencia es que el padre es el modelo masculino que permite al hijo formar el YO, su identidad como hombre.

Por ausencia o por presencia, en positivo o negativo, el padre es el primer modelo de varón con el que contará cada niño o niña al llegar al mundo. Los niños necesitan modelos masculinos para convertirse en hombres. Los hijos, más que las hijas, necesitan al padre para formar su yo, para consolidar su identidad, para desarrollar sus impulsos agresivos. De hecho, muchos de los males psicosociales que en estos tiempos afligen a tantos jóvenes -la desmoralización, la desidia, la desesperanza hacia el futuro o la violencia- tienen un denominador común: la escasez de padre.

Pasada la decisiva etapa de vida primaria donde la relación es muy estrecha con la madre, el niño debe desplazar su mirada al padre o, en su ausencia, hacia otro personaje masculino. Así, si la relación con el hijo es la adecuada, el padre será su primer héroe y, por lo tanto, su modelo, su líder. El aprendizaje mediante modelos es una de las formas más poderosas de influencia.

El papel del padre en esta tarea es sencillamente esencial. Si el padre está ausente o es inaccesible y distante, los niños difícilmente adquirirán una noción correcta de la masculinidad y buscará otros líderes fuera de los márgenes del hogar, a veces en lugares inadecuados: en protagonistas de videojuegos o en compañeros de colegio equivocados o líderes de bandas o pandillas callejeras que normalmente inician a los muchachos en un tipo de masculinidad falsa y desviada, caprichosamente violenta y hostil. “cuando el niño no recibe de su padre todo el elixir de afecto, atención y aceptación que necesita para crecer, beberá de fuentes no tan cristalinas”.

“Es necesario un hombre para educar a otro hombre”, es decir, que los niños necesitan modelos masculinos para convertirse en hombres. La ausencia masculina es uno de los problemas más graves, hay muchos hijos creciendo en familias monomarentales y que luego en el colegio se encuentran con que el 96 % de los profesores son mujeres, así que acaban viviendo en un universo feminizado.

El problema que tienen estos chicos es que no tienen modelos de masculinidad equilibrada. Cuando un varón crece en un ambiente feminizado tiende a radicalizar los estereotipos masculinos, se “supermasculiniza”, no conoce el modelo y quiere ser un chico, así que tiende a radicalizarlo y tenemos chicos que a lo mejor actúan con agresividad, con un virilismo machista, porque no han conocido un modelo equilibrado de masculinidad.

Existe una brecha entre los hombres que han crecido con padre y los que han crecido sin él, porque son “radicalmente distintos”. Estos últimos presentan mayores tasas de absentismo escolar, problemas psicológicos, drogadicción, violencia, delincuencia e incluso suicidio entre estos últimos que entre los primeros.

Tercera incidencia del padre: influye en el desarrollo del autocontrol y la empatía y en la aceptación de la autoridad.

El padre tiene también, un papel decisivo en el desarrollo del autocontrol y la empatía del niño, dos elementos esenciales e imprescindibles para la vida en sociedad. La capacidad de controlar los impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, de resistir el impulso a actuar en un momento determinado.Si el padre ayuda a reconducir o atemperar los impulsos propios de los varones desde su más tierna infancia, toda la energía del niño puede ser constructiva. Pero si no hay un padre (o en su lugar una figura masculina representativa y significativa) que haga de contrafuerte y ponga límites “utilizando una cuña de la misma madera”, el peligro de estas conductas disruptivas aumenta.

El ejercicio de la autoridad por el padre en una relación de jerarquía con el hijo es absolutamente esencial. El varón adolescente sin padre no logra obtener el control sobre sí mismo, no encuentra freno en la madre a la impulsividad propia de su sexo. Si no tiene un padre que ejerza su autoridad para limitar sus impulsos y despertar su sentido de culpabilidad y su deseo de reparación, será incapaz de frenar sus impulsos y la satisfacción inmediata de su deseo. No sabe qué hacer con su propia energía ni hacia dónde encaminarla. Corre el peligro entonces de dirigirla “no en el sentido del cambio sino en uno destructivo contra sí mismo o contra los demás” (Risé). Por supuesto, toda esta tarea “limitativa” del padre ha de ser realizada desde la intimidad del amor.

Cuarta incidencia: la autoestima en el hombre

Todo hijo necesita sentirse aceptado por su padre, para ello no basta la presencia física sino que es más importante aún que los hijos perciban su capacidad de acogida y comprensión; que su padre está “disponible, en línea”. “El aumento actual de los cuadros de ansiedad y estrés puede deberse, entre otros factores, a una menor cercanía física y emocional del padre en nuestro desarrollo… La calidad de nuestras relaciones interpersonales va a depender también de cómo haya sido nuestro aprendizaje emocional desde niños”.

Las consecuencias de la ausencia paterna son negativas, tanto para los varones, como para las niñas, aunque su forma de manifestarse es diferente, pues distinta es también la naturaleza y esencia femenina y masculina. Así, en relación con los chicos, que las consecuencias son más “externas” -adicciones, problemas de conducta, agresividad…- mientras que las chicas sufren más problemas “internos”, como ansiedad, anorexia o depresión.

En este sentido, es importante que cada hijo se sienta único frente al padre que lo valora para que adquiera una autoestima adecuada que le permita un equilibrado desarrollo personal y que evite posteriores “dependencias emocionales” insanas u otras patologías como “el miedo constante al abandono o al rechazo”. Sin olvidar que estas relaciones de dependencia o carencias son el origen también de muchas adicciones (a las drogas, al juego, al sexo…) Detrás de cada adicción hay una nostalgia, una añoranza, un vacío, una necesidad, un anhelo….En muchos adultos, ese anhelo es un reflejo en el tiempo de un hambre de padre insatisfecha.

Quinta incidencia: repetir los patrones del linaje

Un problema adicional es la “cascada hereditaria” que puede originarse, ya que los hijos de padres ausentes suelen repetir los patrones que aprendieron. Aunque lo normal es que un padre quiera evitarlo, los datos sugieren que hay habitualmente una tendencia a repetir durante la vida como sujeto activos los patrones que se padecieron durante la infancia.

Lo bueno es, que tal cascada puede modificarse. En esta labor, el perdón juega un papel imprescindible y liberador que permite caminar y seguir creciendo. El resentimiento contra un padre, aún vivo o ya ausente, es inútil, porque no modifica nada, y hace que el sentimiento se convierta en algo crónico. Siempre existe un vínculo de continuidad entre nuestro presente y nuestro pasado. Aunque nunca se puede cambiar el pasado, encontrar la fuente de las heridas permite poner en su lugar las emociones, con un efecto sanador.

Sexta incidencia: construcción de éxito laboral y prosperidad

La energía del padre genera en el hombre el impulso para salir al mundo, para desarrollarse, tener logros, crecer profesionalmente y generar riqueza y prosperidad para poder cumplir con el propósito esencial del alma masculina que es DAR.

Cuando el hombre no tiene una relación interna armoniosa y equilibrada con su padre estas áreas se ven afectadas porque hay un rechazo interno a la energía masculina que le provee el padre para que pueda ser exitoso y próspero.

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